Escándalo en el Nazario Benavídez: adolescentes atacaron a policías y cuestionan al director por impedir el ingreso de refuerzos

Violencia extrema en el Instituto Nazario Benavídez: policías heridos, un patrullero destruido y fuertes críticas a las autoridades del lugar

Patrullero dañado tras ataque de adolescentes en el Instituto Nazario Benavídez de San Juan

Impacto San Juan · Redacción
06/05/2026 · 06:55 hs

Un episodio de extrema tensión ocurrido este martes dentro del Instituto Nazario Benavídez volvió a poner bajo la lupa el funcionamiento de los centros de contención juvenil en San Juan. Lo que comenzó como un traslado médico de rutina terminó en una violenta agresión contra efectivos policiales, daños de consideración en un móvil oficial y un clima de fuerte malestar entre los uniformados, quienes cuestionaron duramente el accionar de las autoridades del establecimiento.

Fuerte malestar policial por la reacción de las autoridades del instituto

Con el correr de las horas, comenzaron a conocerse detalles que incrementaron el enojo dentro de la fuerza policial y que dejaron severos cuestionamientos hacia la conducción del Instituto Nazario Benavídez.

Según relataron fuentes vinculadas al operativo, mientras los adolescentes atacaban físicamente a los efectivos con palos y piedras —provocando lesiones y daños en la movilidad policial— los uniformados debieron pedir apoyo urgente ante la imposibilidad de controlar la situación.

Lo más grave, según denunciaron quienes participaron del procedimiento, ocurrió cuando arribaron más efectivos al lugar para asistir a sus compañeros. Siempre de acuerdo a estas versiones, el director del instituto se habría negado inicialmente a autorizar el ingreso del personal policial porque temía que la presencia de más uniformados alterara a los menores y desencadenara un motín que luego no pudiera controlar.

La escena se desarrolló frente a las propias autoridades del establecimiento, mientras los adolescentes continuaban fuera de control, agrediendo tanto al personal como al patrullero. Esta situación generó una fuerte indignación entre los policías, quienes consideran que hubo una preocupante falta de conducción en un momento extremadamente delicado.

Dentro de la fuerza sostienen que la prioridad debía ser resguardar la integridad física de los efectivos y frenar la violencia, algo que —según remarcan— no ocurrió con la rapidez necesaria. También cuestionaron que, pese a la gravedad del episodio, las autoridades del instituto intentaran minimizar lo ocurrido bajo el argumento de “no alterar a los chicos”.

El episodio dejó fuertes críticas hacia el manejo interno del centro de menores y abrió nuevamente el debate sobre quién controla realmente este tipo de instituciones cuando ocurren hechos de violencia extrema. Para muchos efectivos, lo sucedido “deja mucho que desear” respecto a la capacidad de conducción y control dentro del establecimiento.

El traslado al hospital y el inicio del conflicto

Fuentes vinculadas al procedimiento indicaron que todo se originó cuando personal policial trasladó a un adolescente alojado en el instituto hasta el Hospital Marcial Quiroga para recibir asistencia médica. Luego de la atención, el menor fue devuelto al centro y entregado al personal responsable del lugar.

Sin embargo, minutos después de finalizar el operativo, los efectivos comenzaron a escuchar insultos provenientes de uno de los handys policiales. Al revisar el móvil descubrieron que uno de los equipos de comunicación había desaparecido.

Ante esa situación, los uniformados regresaron al interior del instituto para intentar recuperar el dispositivo. Fue allí donde el escenario se descontroló.

Palos, piedras y policías lesionados

De acuerdo con las versiones recogidas tras el hecho, varios adolescentes reaccionaron de manera violenta cuando los efectivos intentaron ingresar nuevamente al sector donde se encontraba el menor señalado por el robo del handy.

Uno de los internos habría tomado un palo para atacar al personal policial, mientras otros comenzaron a arrojar piedras contra los uniformados y el patrullero estacionado dentro del predio.

Como consecuencia de la agresión, al menos dos policías sufrieron lesiones en brazos, hombros y cabeza. El móvil policial terminó con importantes daños materiales: vidrios rotos, la luneta trasera destruida y el espejo retrovisor arrancado.

La situación obligó a solicitar refuerzos para controlar el episodio y realizar una requisa dentro del instituto. Finalmente, el handy sustraído fue recuperado.

Malestar policial y críticas al director del instituto

Pero más allá de la violencia registrada, el episodio dejó otro foco de conflicto que generó profundo enojo dentro de la fuerza policial. Según trascendió, efectivos que participaron del operativo manifestaron su malestar por la actitud adoptada por el director del Instituto Nazario Benavídez.

Fuentes cercanas al procedimiento señalaron que el responsable del establecimiento habría intentado impedir el ingreso inmediato de los policías mientras se desarrollaba el conflicto, argumentando que la presencia policial “podía alterar a los chicos” porque “eran solo niños”.

Esa postura provocó indignación entre los uniformados, especialmente teniendo en cuenta que ya había efectivos heridos y un móvil dañado dentro del predio. Incluso, algunas versiones aseguran que el trato hacia los policías fue despectivo durante los momentos de mayor tensión.

Dentro de la fuerza consideran que este tipo de decisiones terminan debilitando la autoridad en situaciones críticas y exponen tanto al personal como al resto de los trabajadores del instituto.

Un debate que vuelve a abrirse

El hecho reabre una discusión sensible sobre los límites entre la contención de menores en conflicto con la ley y la seguridad del personal que trabaja en estos espacios. Especialistas coinciden en que los institutos juveniles deben priorizar la reinserción social, pero también garantizar condiciones mínimas de seguridad para evitar episodios violentos.

La causa quedó provisoriamente en manos de la Justicia Penal de Niñez y Adolescencia, bajo las figuras de hurto, lesiones y daños. Mientras tanto, el episodio sigue generando repercusiones dentro del ámbito policial y judicial sanjuanino.




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