“Más horas, más riesgo y menos sueldo”: el fuerte malestar que crece dentro de la Policía de San Juan
Mientras la inseguridad vuelve a instalarse como una de las principales preocupaciones sociales en San Juan, puertas adentro de la fuerza policial crece otro conflicto silencioso: el agotamiento extremo de muchos efectivos que aseguran trabajar cientos de horas mensuales por salarios que consideran insuficientes frente al nivel de exigencia y riesgo diario.
La situación comenzó a generar cada vez más debate entre uniformados y ciudadanos luego de conocerse testimonios internos que describen jornadas extenuantes, recargos sin horario de salida, servicios gratuitos y una fuerte sensación de abandono tanto económico como judicial.
Los efectivos consultados —cuyas identidades fueron resguardadas para evitar sanciones o represalias administrativas— aseguran que actualmente un agente policial cobra alrededor de $1.250.000 y un cabo apenas supera los $1.270.000 en mano.
La comparación que genera indignación dentro de la fuerza
Uno de los puntos que más malestar provoca entre el personal policial es la comparación salarial con otros trabajos de la provincia.
Actualmente, un empleado de estación de servicio ronda entre $1,5 y $1,7 millones mensuales con una carga aproximada de 210 horas al mes. En tanto, un colectivero puede alcanzar entre $1,9 y $2,2 millones, realizando entre 220 y 250 horas mensuales.
La diferencia, aseguran muchos policías, no pasa solamente por el sueldo, sino por el nivel de desgaste físico, mental y emocional que implica el trabajo policial.
“Un playero puede terminar cansado físicamente y un colectivero mentalmente por el tránsito y la responsabilidad, pero el policía convive todos los días con violencia, delincuencia, amenazas, accidentes, peleas, persecuciones y armas. El desgaste psicológico es completamente distinto”, expresó un efectivo consultado.
Turnos extremos y más de 300 horas mensuales
Según relatan numerosos uniformados, el sistema actual de trabajo combina turnos de tarde, mañana y noche en menos de 48 horas. Por ejemplo:
- Un día trabajan de 14 a 22 horas.
- Al día siguiente ingresan de 7 a 14 y luego vuelven de 22 a 7.
- Después deben cumplir recargos o servicios extraordinarios “a finalizar”.
En eventos masivos realizados en el Villicum o el Velódromo Vicente Alejo Chancay, muchos efectivos son citados desde las 13 horas hasta la madrugada siguiente, llegando a retirarse cerca de las 6 de la mañana.
Con ese esquema, aseguran que numerosos policías superan fácilmente las 280 o incluso 300 horas mensuales reales.
“No hay descanso real. Dormís pocas horas y volvés a salir a la calle armado y bajo presión”, relató otro uniformado.
Las “máximas”, los recargos y el enojo interno
Otro de los reclamos apunta a las denominadas “máximas”, adicionales que, según afirman, suelen cobrarse con retrasos de hasta cuatro meses.
Además, denuncian que esos pagos no llegan a todos los efectivos. En muchas comisarías apenas existen dos cupos de máximas entre turno mañana y noche, mientras que los recargos son cubiertos por entre ocho y diez policías.
Eso significa que la mayoría termina realizando horas extras sin una compensación acorde y, muchas veces, sin horario fijo de salida.
“El problema no es solo trabajar mucho, sino sentir que el esfuerzo no vale nada”, explicaron.
La bronca con Flagrancia y la Justicia
El malestar también alcanza al sistema judicial. Muchos policías aseguran sentirse utilizados por procedimientos que demandan enormes esfuerzos físicos y administrativos, pero que terminan con delincuentes recuperando rápidamente la libertad.
Además, denuncian que son citados constantemente a oficinas de Flagrancia incluso estando de franco, descansando o después de extensas jornadas nocturnas.
“¿Sabés las veces que me hicieron ir solamente para esperar afuera por si me necesitaban? Después de una hora te dicen que ya no hace falta y te podés retirar. Perdemos descanso, tiempo familiar y energía”, contó un efectivo.
La frustración aumenta cuando, tras persecuciones o detenciones complejas, muchos acusados reciben condenas en suspenso y recuperan rápidamente la libertad.
“Ya nadie se quiere arriesgar de más porque sienten que no hay respaldo. Muchos policías sienten que solamente son un número”, resumió otro uniformado.
Un problema que empieza a preocupar socialmente
Especialistas en salud laboral advierten que la combinación entre falta de descanso, estrés permanente, cambios bruscos de horarios y presión psicológica sostenida puede afectar seriamente la salud mental y física.
Mientras tanto, dentro de la fuerza crece una sensación de agotamiento y desmotivación que ya comienza a trasladarse al debate social sobre las condiciones reales en las que trabaja gran parte de la Policía de San Juan.
