Alerta en San Juan: investigan una combi blanca por presunto hostigamiento a mujeres en Angaco y destino
Dos testimonios coincidentes encendieron la preocupación en San Juan. Mujeres que esperaban el colectivo en distintos puntos del Gran San Juan denunciaron haber sido seguidas por una combi blanca con vidrios polarizados, en situaciones que generaron miedo, desconcierto y una fuerte sensación de vulnerabilidad.
Los hechos ocurrieron en Angaco y Chimbas, en horarios de baja circulación por tratarse de días feriados. Aunque no hubo contacto directo, las maniobras descritas por ambas víctimas presentan similitudes que hoy mantienen en alerta a vecinos y usuarios del transporte público.
Dos episodios, un mismo patrón
El primer caso tuvo lugar en una garita de calle Aguilera, antes de Nueva España, en Angaco. La mujer esperaba el colectivo 440-A, que según el sistema pasaría a las 19:30. En ese contexto, una combi blanca se detuvo cerca de ella.
Con poca visibilidad hacia el interior, logró percibir la presencia de varias personas. Al notar que el vehículo permanecía estacionado durante varios minutos, decidió alejarse caminando. Fue entonces cuando la combi comenzó a avanzar lentamente, siguiéndola.
La situación derivó en un fuerte estado de pánico. Un joven que circulaba en motocicleta advirtió lo ocurrido y la asistió, momento en el cual el vehículo se retiró. Por seguridad, el mismo ciudadano la trasladó hasta Albardón, su destino.
Ya en ese departamento, la mujer acudió a la Comisaría 18, donde —según su relato— le indicaron que debía realizar la denuncia en la jurisdicción correspondiente, es decir, en Angaco o en la unidad fiscal pertinente. Sin posibilidad de regresar ese mismo día y atravesada por el temor, no logró formalizar la denuncia.
El segundo hecho ocurrió en Chimbas, sobre calle Oro antes de Tucumán, alrededor de las 7:30 de la mañana. Allí, otra mujer esperaba un colectivo de la empresa TNS para dirigirse a Rawson.
En ese momento, una combi blanca se detuvo frente a ella. La mujer observó al menos dos ocupantes que la miraban fijamente. Tras retirarse, el vehículo regresó y volvió a ubicarse en la misma zona.
Ante la inquietud, decidió caminar. Sin embargo, la combi volvió a seguirla. Según su testimonio, uno de los ocupantes abrió la puerta, lo que incrementó el temor. En una rápida reacción, logró detener un colectivo en plena calle y subir, poniéndose a resguardo.
Un contexto que potencia el riesgo
Ambos episodios comparten un elemento clave: ocurrieron en horarios y días con escasa circulación de personas y vehículos. Esta condición reduce la posibilidad de recibir ayuda inmediata y aumenta la percepción de inseguridad.
En San Juan, como en otras provincias, los puntos de espera del transporte público en zonas periféricas suelen carecer de iluminación adecuada, cámaras o presencia policial constante, lo que los convierte en espacios vulnerables.
En los últimos años, se han registrado situaciones similares en distintos puntos del país, donde vehículos sin identificación clara generan preocupación al merodear paradas de colectivo, especialmente en horarios críticos.
Impacto social: miedo, exposición y cuestionamientos
Las mujeres decidieron no revelar su identidad. Explicaron que, tras compartir sus experiencias, encontraron no solo apoyo, sino también cuestionamientos y críticas por no haber podido registrar imágenes o actuar de otra manera.
Este fenómeno refleja una problemática frecuente: la exigencia social de reaccionar “correctamente” en situaciones de alto estrés. Sin embargo, especialistas en seguridad coinciden en que el miedo puede afectar la capacidad de respuesta, priorizando la autoprotección por sobre cualquier otra acción.
Lejos de buscar exposición, ambas víctimas remarcaron que su intención es alertar a la comunidad y evitar que otras personas atraviesen una experiencia similar.
Análisis: entre la percepción y la prevención
A partir de uno de los testimonios, se pudo confirmar que al menos una de las víctimas logró realizar la denuncia correspondiente, lo que dio intervención a las autoridades. Según indicó, desde la dependencia policial le informaron que se iniciarán tareas investigativas para esclarecer lo ocurrido, incluyendo la revisión de cámaras de seguridad de la zona con el objetivo de identificar al vehículo y a sus ocupantes.
La coincidencia en los relatos y las características del rodado refuerzan la necesidad de abordar el caso con seriedad. Aunque los hechos no derivaron en un delito consumado, su impacto es concreto: modifican hábitos, generan temor y condicionan la movilidad diaria, especialmente en mujeres.
En este tipo de situaciones, el accionar preventivo resulta clave. La intervención temprana y el análisis de registros fílmicos pueden aportar información determinante para descartar o confirmar comportamientos sospechosos, y así brindar mayor tranquilidad a la comunidad.
Recomendaciones para usuarios del transporte
Ante este tipo de situaciones, especialistas sugieren:
• Evitar esperar en zonas aisladas o poco iluminadas.
• Compartir ubicación en tiempo real con familiares.
• Mantenerse en movimiento si se percibe una situación extraña.
• Intentar registrar datos del vehículo sin exponerse.
• Buscar ayuda inmediata en otros ciudadanos o transporte público.
Además, se recomienda reportar cualquier hecho sospechoso a las autoridades, incluso si no se concreta un delito, ya que la acumulación de reportes puede facilitar intervenciones preventivas.
Una advertencia que no debe ignorarse
Con una denuncia ya radicada y en proceso de investigación, los testimonios reflejan una preocupación concreta que trasciende lo individual. La seguridad cotidiana no solo se mide por delitos consumados, sino también por las situaciones que generan temor y alteran la vida diaria.
Hoy, el mensaje es claro: estar atentos, cuidarse entre todos y no minimizar señales que, repetidas, pueden anticipar problemas mayores. La colaboración ciudadana y el seguimiento de las autoridades serán claves para esclarecer estos hechos y prevenir nuevos episodios.

