Salarios atrasados, adicionales impagos y un malestar que crece en la Policía de San Juan
La actualidad de la Policía de San Juan atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Mientras desde el Gobierno provincial se insiste públicamente en que “se analizan aumentos” y que el diálogo sigue abierto, puertas adentro la realidad parece ser otra: efectivos consultados por este medio, que pidieron estricta reserva de identidad por temor a represalias, aseguran que no existe ningún avance concreto en materia salarial.
Según relataron, los haberes mensuales resultan insuficientes frente al constante aumento del costo de vida, y los adicionales —que muchos policías necesitan para poder completar sus ingresos— llegan a pagarse con demoras que superan los tres meses. “No podemos reclamar, porque ya sabemos lo que pasa cuando alguien levanta la voz”, confió uno de los uniformados.
Protestas de familiares y temor dentro de la fuerza
En las últimas semanas, familiares de efectivos realizaron manifestaciones para visibilizar la situación. Madres, esposas e hijos salieron a reclamar mejoras salariales y condiciones laborales dignas. Lo hicieron porque, según explicaron, muchos policías no pueden exponerse públicamente.
El antecedente más temido dentro de la fuerza aún pesa: tras una protesta anterior, tres efectivos fueron exonerados meses después, cuando el conflicto ya parecía haber quedado atrás. La decisión fue interpretada por gran parte del personal como un mensaje disciplinador. “Esperaron que se calmara todo y recién ahí los echaron. Fue para que nadie más reclame”, señaló otro agente consultado.
El mensaje que —según denuncian— se instaló es claro: quien exige sus derechos puede quedarse sin trabajo.
Jornadas de 310 horas mensuales: ¿es humano?
Uno de los datos más impactantes que surge de los testimonios es la carga horaria. Un efectivo promedio estaría cumpliendo alrededor de 310 horas mensuales, sin contar los adicionales que deben realizar para poder sostener a sus familias. Esos adicionales pueden sumar hasta un 40% más de horas sobre el total trabajado.
En términos prácticos, significa que muchos policías trabajan el equivalente a casi el doble de una jornada laboral estándar. Descansos reducidos, guardias extendidas y la obligación de continuar prestando servicios incluso en sus días libres forman parte de una rutina que desgasta física y mentalmente.
La pregunta que surge es inevitable: ¿puede una persona rendir adecuadamente bajo ese nivel de exigencia permanente?
El impacto en la calle: la mirada de los ciudadanos
Salimos a consultar a vecinos de distintos puntos de la provincia. La mayoría coincidió en algo: reclaman presencia policial eficiente, pero reconocen que desconocían el nivel de sobrecarga laboral.
“Siempre escuchamos que son mal contestados o que no hacen nada, pero si trabajan tantas horas es imposible que estén al cien por ciento”, expresó un comerciante del microcentro. Otra vecina señaló: “Nadie puede sonreír después de más de 300 horas al mes y encima sabiendo que tiene que seguir trabajando porque el sueldo no alcanza”.
El debate se amplía: la sociedad exige respuestas rápidas ante la inseguridad, pero poco se habla de las condiciones en las que trabajan quienes deben garantizarlas.
Procedimientos que terminan en frustración
Otro punto que genera impotencia dentro de la fuerza es la liberación de personas detenidas pocas horas después de los procedimientos. “Hacemos un buen trabajo, arriesgamos nuestra vida, y a las horas los vemos otra vez en la calle”, relató un efectivo.
En este aspecto, los policías remarcan que la responsabilidad no recae en ellos sino en los juzgados intervinientes y en el sistema judicial. La sensación de esfuerzo inútil profundiza el desgaste emocional y alimenta el desánimo.
Un Gobierno ausente y más servicios en lugar de soluciones
Mientras no hay anuncios concretos de aumentos salariales, los efectivos aseguran que lo único que se incrementa son los servicios. Más operativos, más horas, más presencia en eventos, pero sin una mejora proporcional en los ingresos ni en las condiciones laborales.
El malestar no se limita al sector de seguridad. Según relatan, la misma situación se vive en otras áreas sensibles como Salud, donde también se denuncian sobrecargas y salarios desactualizados. Sin embargo, en el caso policial, el margen para reclamar es mínimo por la propia estructura jerárquica de la institución.
La Policía como “juguete” político
Dentro de la fuerza crece la percepción de que la institución se ha convertido en una herramienta política. Cambios de directivas, anuncios públicos que no se concretan y decisiones disciplinarias selectivas alimentan la idea de que el personal es utilizado como variable de ajuste.
El reclamo central es simple: salarios acordes a la realidad económica, pago en tiempo y forma de los adicionales, garantías para poder expresar inquietudes sin represalias y una revisión profunda de la carga horaria.
¿Hasta cuándo puede sostenerse este modelo?
La seguridad pública depende directamente de la motivación, estabilidad y condiciones laborales de sus efectivos. Cuando quienes deben proteger a la sociedad trabajan al límite físico y emocional, el sistema entero se resiente.
La crisis en la Policía de San Juan no es solo un conflicto salarial: es un problema estructural que interpela al Gobierno, a la Justicia y a la sociedad en su conjunto. La pregunta que queda flotando es si se escuchará el reclamo antes de que el desgaste sea irreversible.
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